Teatro
Una de las cosas que más me gusta en la vida es subirme a un escenario. Allí arriba puedo ser yo misma sin exponer mi corazón al volatin vaiven de comentarios ni miradas desafortunadas.
El teatro me da vida, me ofrece cantidad de posibilidades, me enseña a ver las cosas de diferentes colores y formas.
La libertad con la que disfruto es una libertad sana, divertida y peculiar. En el teatro, todo vale, y a su vez todo permanece en el tiempo y en el espacio.
Sin embargo hay que cuidar cada detalle, cada minusculo movimiento. Actores, atrezo, luces, decoración, formar parte de un todo, tienen que estar en armonia y calma. En el teatro hay un silencio espectral que invita a la reflexión y a viajar, viajar por otros mundos con personajes dispares, divertidos unos, antipáticos otros, los hay que se cuelan en el corazón del espectador, y los muy pocos se enfrentan a las duras críticas de aquellos que se creen con la sabiduría de saberlo todo.
Escenificar un personaje aquí mismo, sobre ese palco de madera, no es solo aprenderse un texto y decirlo, es expresar con el cuerpo, la mente, y el alma una historia que no es la de uno y que entrelaza con gentes que el actor en realidad no conoce.
Historias furtivas que prometen contarnos algo de la mano de personas que gesticulan con la voz, el cuerpo, con cada uno de sus movimientos.
Hay que saber hablar alto pero sin gritar, desde lo más profundo del estómago, eso se llama vocalizar. Hay que aprender agiles y sutiles bailes para andar docilmente, hay que mantener el cuerpo apegado al suelo para sentir cada paso, cada palabra, cada aliento de los compañeros.
Teatro significa experimentar con el yo, el tu, el ello. expresendo ideas cortas pero concisas en forma de diálogos.
Teatro es amor, venganza, odio, rabia, pasión, libertad, fuerza, caracter.....
Por eso me gusta hacer teatro, porque puedo vivir todo eso, y desprenderme de mis ataduras, aquellas que me provocan ser otra persona.
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