Abuelo
Una tarde de verano
cuando más calor hacía,
tu corazón no latía,
tu cuerpo inerte yacía.
Así en silencio te fuíste,
con los ojos muy serenos,
como me prometiste,
llenos de amores sinceros.
Yo no pude despedirte
como tú te merecías
pero me sentí muy triste
el día que fallecías.
Aún así puedo decirte
que siento tu presencia
en recuerdos que dejaste
y que guardo en mi inocencia.
Pensamientos que perdonan,
privilegios que enorgullecen
tesoros que refuerzan
riquezas que embellecen.
!Gracias por la bella herencia
que tú me has regalado!
presente tan delicado
que me colma de paciencia.
Eurine.
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