La chica de ayer
El presente
Su abrazo la dejó abrumada y pensativa. ¿Que la quería decir?. Tal vez la iba a dejar, de nuevo con sus pensamientos, con románticos recuerdos y una vida ya pasada que la había atormentado y envejecido hasta el punto de no saber como seguir viviendo su día a día. Sólo cuando le conoció atisbó un clara luz que le permitió ver el presente frente a sus empequeñecidos ojos hipnotizados por el tiempo dormido.
Y él diría adiós con ese abrazo y con un beso en la mejilla, aquél gesto de amistad y dulzura que tenía para con ella cada vez que se veían o despedían.
Este hombre no la había enseñado nada, no la había cambiado, tan solo estuvo a su lado mientras ella aprendía a disfrutar de cada cosa pequeña que experimentaba.
Él la daba amor a cuentagotas, sutiles gestos que evidenciaban que podía llegar a amarla. pero nunca se declaró, jamás escuchó de su boca un te quiero, te extraño, te deseo. Solo palabras repletas de ternura y afecto que la ayudaban a vivir una realidad que no había experimentado anteriormente.
Con su ayuda construyó una vida futura en la que ella era la auténtica protagonista de un destino incierto y desafiante.
Tal vez se preguntó en ese instante que ese destino sólo le pertenecía a ella y solamente a ella.
Y entonces ocurrió, la soltó, se fue hacia la ventana, y cogió su guitarra, allí frente a esa mujer que le había robado el corazón sin que se diera cuenta, a la que había mirado a hurtadillas, a la que sonreía y guiñaba el ojo cuando hacía alguna travesura y buscaba complejidad en la dulzura de sus ojos.
Ella le siguió con la mirada, sin atreverse a decir palabra, solo esperó, dejándose llevar por la emoción de preguntarse si la iba a dedicar una canción.
En todo ese tiempo habían aprendido los dos a conocerse, a comprenderse, sin tocarse, sin besarse, se sentó en el suelo, utilizando un pequeño cojín como sillón y esperó pacientemente a lo que surgiera, sin preocuparse, sin angustiarse.
Sus dedos comenzaron a tocar las cuerdas de la guitarra, componiendo una dulce melodía. Sintió un leve cosquilleo en el estomago y en la garganta ¿que canción toco? ¿que puedo cantar? pensó...,!a ha!, ésta que habla del recuerdo romántico de una época vivida, evoca los momentos que he vivido con ella y que han hecho enamorarme.
Comenzó a cantar, suavemente, con delicadeza.
-!Me gusta tu voz! y,,,, !Te quiero!- le susurró ella al oído, porque de pronto lo entendió todo; esa canción era dedicada a la mujer que esta sentada en el suelo frente a él.
Lloraron cada uno por su cuenta, y cuando la canción terminó, el soltó su guitarra, y se fue hacia esa niña que le miraba con ojos de enamorada, acarició su rostro, besó sus lágrimas y la volvió abrazar esta vez como el hombre que la deseaba.
Se fundieron en un mismo ser, se acariciaron, se besaron, y sintieron placeres nunca experimentados.
Continuará...
Continuará...
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